En el archivo de la escuela se encuentra un cuaderno “Impresiones en la Escuela” habilitado en el año 1950, Año del Libertador de América, donde los alumnos de sexto al egresar del establecimiento dejaban escritas sus emociones y sentimientos.
¿Compartimos algunas?
“En los instantes de la partida con los pies en los umbrales de esta casa, dispuesto a dar un salto hacia el mundo. Una etapa de mi vida ha terminado y ante mí se abre un horizonte bastísimo de estudio, de trabajo y de lucha.
La escuela ha puesto en mis manos las mejores armas para vencer: el saber y la virtud.”
12-11-1951 - Alumno: José Adolfo Macagno
“Con unas pocas palabras quiero expresar mi gratitud por la enseñanza que nos han dado nuestros maestros.
Me voy escuela querida, ha llegado la hora de la despedida. Al abandonar estos patios, estas aulas y todo cuanto hemos hecho por hermosearte escuelita, quedan envueltas las emociones más justas y puras.
Yo se que el recuerdo de la escuela, que es bella, porque nos supo cobijar en las horas de estadía, será un recuerdo dulce, porque las impresiones en ella, son las más sanas e ingenuas. Queda quieta la campana y el badajo mudo, parece que su silencio es la expresión de su sentimiento triste al vernos partir.
Nos vamos escuela querida ¿Hacia adonde? A luchar, nuevos estudios, a escalar los peldaños de las artes unos, las letras y las ciencias otros, pero todos firmes y sin desmayar.
Hasta siempre queridos maestros que supieron guiarnos por la senda del bien, salgo a la vida preparado para luchar, a vivir con honor y alegría por mis padres por la patria grande y esta escuela mía”.
29-11-1951 - Alumno: Abel B. Macagno
“Escuela, al marcharme parto muy contento porque sé que en tus aulas tan modestas y lindas aprendí lo elemental de todo conocimiento y sé también que mi ignorancia fue transformándose hasta hoy, que creo podré defenderme en los senderos de la vida.
En el adiós a la escuela, a mis maestros, a mis compañeros y a la querida campana que hoy toca la hora para comenzar el descanso de las vacaciones, vaya todo mi cariño de alumno agradecido y la promesa de ser un buen hijo, digno de esta casa. Yo pienso volver a ella cuando necesite de mi presencia.¡Hasta cada momento Escuelita Querida! ¡Qué Dios bendiga tu presencia en todos los ámbitos de nuestra querida Patria!”
19-11-1952 - Alumno: Osvaldo Nicolás Berutto
“Ha llegado el momento de la despedida, finalicé el ciclo primario.
Estoy contento de haber cumplido con mi deber. He dado un paso más hacia delante en el camino del progreso y la cultura.
Ahora me dedicaré a otra vida, la de trabajar en el campo.
En la escuela aprendí muchas cosas nuevas, gracias a ella cursé sexto grado, con la educación e instrucción recibida lucharé con mejores armas.
La campana con su alegre repicar no me llamará a clase, pero su recuerdo quedará en mí.
Con un recuerdo cariñoso para los maestros y Escuela, dejo mis últimas palabras en este cuaderno” Impresiones en la escuela”
5-6-1956 - Alumno: Hugo Arturo Reim
Don René Giovannini nació el 23 de enero de 1929, tiene unos jóvenes 80 años, y está dotado de una memoria extraordinaria.
“Yo ingresé como oyente a la querida escuela en el año1935, la maestra era una señora llamada Demófila Gutierrez. Ya el próximo año comencé primero inferior con una maestra muy viejita llamada Adelina Sarmiento de Moris Giménez; a partir de entonces tuve a Carmen B. de Jiménez, de ella tengo los mejores recuerdos, muy recta pero muy buena.
Antes había muchos más días de clases, los feriados eran sólo el 20 de junio, 25 de mayo, 9 de julio, 17 de agosto y 12 de octubre; los sábados asistíamos también. El período escolar iba desde el primero de marzo hasta el 30 de noviembre; aunque al principio costaba mucho tener maestro todo el año, se necesitaban muchos trámites y pedidos por parte de la comisión directiva. Esto ocasionaba que cada año nos tomaran una prueba para determinar que grado nos correspondía. Nos enseñaban muy bien historia y geografía, hacíamos los mapas de Argentina y La Pampa a pulso (a veces más panzones) pero con todas las divisiones políticas. En clase había que estar muy atentos y escuchar muy bien la enseñanza de la maestra, porque no teníamos libros ni manuales.
En los recreos jugábamos al pisa-pisa, a la rayuela, a la escondida o hacíamos obras útiles, por ejemplo colocamos 2 hileras de eucaliptos alrededor del predio, don Luis Avalle nos hizo el terraplén con el tractorcito viejo. Al patio lo manteníamos limpio nosotros, aunque unos años hubo un portero, lo apodábamos Paié, porque era muy petiso el italiano, vivía en la piecita y cocinita de la escuela, lo ayudábamos a regar con agua llovida del aljibe. Teníamos unas pocas flores de Barba de Chivo y algunos sauces.
Éramos muy buenos compañeros, la amistad continúo toda la vida. Recuerdo que a la salida la mayoría íbamos hacia el oeste en caravanas de sulkis, caballos y chatas rusas; hacíamos algunas picardías pero nada grotesco, un día rodé con el sulki pero no fue un accidente grande.
La escuela comenzó a funcionar en una pieza de mi abuelo Bautista Macagno. En el 37 don Luis Suppo dona una hectárea y se construye la escuela, los vecinos compraron puertas y ventanas en los remates, se hicieron los adobes con tierra buena del bajo de Suppo y se construyó como pudo. Al poco tiempo el edificio estaba carcomido, desgastado por el viento y volvimos a clases al campo del abuelo. Llamaron a los albañiles, hermanos Martín (Juan y El morocho) e hicieron un buen arreglo, revocaron, cambiaron aberturas, edificaron una pieza más y se colocó cielorraso de chapadur, desde entonces la escuela funciona allí.
En el año 1949 fui secretario de la Asociación de ex alumnos, construimos el mástil y lo inauguramos con un gran asado, fue un éxito, se consumió toda la vaquillona. Ya después abandoné porque me fui al servicio militar a Tandil, VI Brigada Aérea. Posteriormente entré en la policía, el 16 de agosto de 1951 llegué a Conelo como agente.
Tengo los mejores recuerdos de la escuelita, hemos pasado unos años muy lindos”.
Ángel Suppo, alumno que ingresó en 1934, hijo de don José quien donara la hectárea para la construcción de la escuela.
“Tengo un recuerdo muy lindo de mi padre porque fue el que donó la hectárea de tierra para hacer la escuela, para que nosotros (los hijos) y otros pudieran ir a aprender y poder afrontar la vida y tener educación.
Entre todos los padres de los alumnos hicieron una comisión, pusieron un inspector, que fue el Sr. Luna, oriundo de San Luis, quien hizo los trámites para poder levantar la escuela, que en principio fue nacional luego pasó a ser provincial.
La edificación de la escuela estuvo a cargo de Pedro Guardamagna, que hizo los adobones, y el albañil Juan Pusso. La plantación la hemos hecho entre todos los alumnos con la ayuda del portero José Malano (apodado Paie).
Fuimos alumnos de la institución Valentín, yo Ángel, Pío y Lino. Tengo unos recuerdos muy lindos. Los maestros fueron: Demófila Gutierrez, Adelina Sarmiento (sobrina de Domingo F. Sarmiento), Luis Ávila y Sra. Gimenez.
Los compañeros: René Giovannini, Norberto Macagno, Pedro Servetti, Francisco Köhler, Mateo Schimpf, Aurelia Soncini, Catalina Schimpf y Juan Baretta.
Compañeros de otros grados eran: los hermanos Giovanninni, Soncini, Köhler, Schmipf, Olivero, Montaldo, Servetti, Bruno y Avalle.
La enseñanza era buena. El docente empezaba a dictar las clases por primero inferior y continuaba uno por uno hasta llegar a sexto grado. Todos los alumnos estábamos en el mismo aula. Las materias eran: matemática, lengua, historia y geografía.
La comisión estaba formada por Bautista Macagno, José Suppo (mi padre), Aurelio Soncini, Miguel Giovanninni, Sebastián Macagno, Luis Avalle, Guido Bono y Juan Servetti.
Para recaudar fondos organizaban bailes en los galpones de los campos. La primera organización se hizo en el galpón del campo de mi padre José, donde habito actualmente. Se donaban tortas, pasteles, cajas de bombones y lechones. Parte de lo donado se rifaba y lo demás se remataba. También se vendían café y bebidas. Las orquestas eran de Castex, como Salcedo y otros. Se hacían concursos de tango.
Así nos cuentan Josefa e Isabel Sartori
Josefa nació el 02.10.1931 e Isabel el 05.11.1938.
“Vivíamos a dos leguas de la escuela, íbamos a caballo o en sulki, cuando nos agarraba la tormenta entrábamos en algún campo vecino, nos secábamos y nos prestaban abrigo. Los seis hermanos fuimos alumnos de la escuelita, yo (Josefa) comencé segundo grado porque anteriormente nuestros padres nos mandaban de la familia Sacks y recibíamos clases de un maestro particular muy viejito. Ñata y yo nos turnábamos asistíamos un día cada una, pues la otra debía quedarse en casa a cuidar los animales; la que iba traía los deberes y a la noche los hacíamos, bajo la luz de una lámpara a kerosén.
Mi primer maestra fue doña Carmen Jiménez, los años posteriores el maestro Alberto Arias, éramos un grupo grande de 20 ó 25 alumnos, tal vez el más pícaro era Luis Garello, saltaba la ventana y se escapaba del aula. Tengo muy lindos recuerdos, a mi me gustaba mucho dibujo y era rápida para los números. Participaba en los actos diciendo poesías o bailando la ranchera “Mate amargo”. En los recreos corríamos, jugábamos al pisa pisa, a la rayuela y también plantábamos eucaliptos, los hoyos los hacía don Paié, nosotros poníamos marlos de choclos para abono y regábamos. Teníamos almácigos de berro y rúcula para la maestra porque era diabética y necesitaba comerlos.
Yo (Isabel) comencé de oyente a los 5 años, porque me encantaba la escuela. Mi mejor compañero fue Omarcito Macagno, era tan travieso, un día a la salida de la escuela no encontramos el sulki ¡Qué desesperación! ¡Cómo llorábamos con mi hermana!, él se moría de risa, en el recreo había soltado la yegua y era tan mansita que se había ido sola para el campo; Osvaldo Berutto la salió a buscar y la trajo.
Recuerdo una obra o velada que hicimos, uno (no recuerdo quien) representaba al doctor, Titi Sereno era doctora, yo enfermera y teníamos a un bebé en el cochecito ¡Nos salió tan linda!
La escuela no era como ahora tenía un salón y dos aulas chiquitas, con una cocinita improvisada, los baños estaban afuera.
A los actos centrales íbamos a Castex con la bandera a desfilar, mucho frío hacía en las mañanas. Los de fin de año eran en la escuela y los bailes en el galpón de Sebastián Macagno.
Fueron unos años muy felices”.
Rosana Lis Bonetto, ex alumna que ingresó a la escuela en 1981 (Alumna de las Bodas de Oro).
“Hoy tengo la oportunidad de volver atrás en mi vida, y traer hasta el presente los momentos más lindos de mi infancia. En ellos encuentro a mi querida "Escuelita de campo" como solíamos llamarla todos. Hay en cada rincón, en cada pedazo de ella un poco de alegría, de llanto, de enseñanza y de nostalgia que fueron quedando a lo largo de sus 75 años.
Maestros, alumnos, aprendizajes y juegos fueron dejando su huella y su esencia sigue intacta, aquella que nos supo mostrar el valor de lo humano, la importancia del saber y lo simple de la amistad.
Era bueno compartir con niños de distintas edades un mismo espacio físico y a su vez una única maestra, eso nos enseñaba a ser pacientes y respetuosos. Los más grandes no hacían pagar "derecho de piso" a los más pequeños y por el contrario a ellos se los respetaba como tales.
Las escondidas, Martín Pescador, la rayuela, el delegado, y el fútbol eran algunos de los juegos que compartíamos, a la hora del esperado recreo, con todos y cada uno de los chicos sin importar la edad.
Como olvidarme de las fiestas patrias y la ansiada "fiesta de fin de año". En ellas participábamos todos, algunos en mayor, otros en menor medida, y preparábamos vestimenta y escenario con la ayuda de los padres.
Todo esto siempre estuvo guiado, obviamente, por maestras que a mi parecer tenían una excelente calidad humana. En mis primeros años, sin lugar a dudas los más importantes, tuve como maestra a la Sra. Pastora Bruno. Ella me enseñó desde la simpleza del juego hasta la complejidad de las matemáticas. Era muy recta y justa a tal punto que trataba a sus hijas dentro del aula como un alumno más. Y eso estaba bueno, las reglas eran para todos por igual.
También recuerdo el momento en que nos comunicaba su traslado a otra escuela, fue una noticia muy triste para mí y una gran incertidumbre me invadió porque no sabía como sería la "nueva maestra".
Pero esa sensación se disipó cuando conocimos a la Sra. María Celia Martín, una mujer joven con sus labios y párpados pintados, con su cabello siempre arreglado y una sonrisa que rompía el hielo de aquel momento.
Maria Celia fue mi maestra desde tercero hasta quinto año aunque nos dejó en el momento en que tuvo a dos de sus hijos, si es que mal no recuerdo, retomó su actividad apenas se lo permitieron ellos. En ese lapso de tiempo hubo maestras suplentes y de la que me acuerdo, a pesar de que estuvo poco tiempo, es de la Sra. Susana de Vitta. Nos hablaba de manera muy pausada y hasta cuando se enojaba no lograba levantar su voz.
Mis últimos dos años estuvieron marcados por una joven, pero no menos experimentada, llamada Sonia Martín. Con ella siento que aprendí la esencia de la persona, la perseverancia y el tesón que ningún ser humano pueda imaginar. Hoy como ayer sigue siendo un ejemplo de vida a seguir y una persona a la que llegué a querer como alguien de mi familia.
Sí Escuela, ya cumples tus 75 años y allí sigues intacta, formando a generación tras generación de aquellos que hoy deciden continuar viviendo en la tranquilidad y no en la comodidad.
Podrán cambiar el color de tus paredes, renovar muebles, llenar la biblioteca con nuevos libros pero tu esencia sigue intacta, la de dejar una huella inmensurable en el corazón de todos y cada uno de quienes recorrieron tus aulas.
Felices 75 años escuelita y gracias a todos los que aún apuestan a lo que realmente vale, la educación”.